Reconciliándome con la ciencia de Interstellar

Por favor, no metais a Satanás y los fuegos del Hades en el interior del agujero negro

(Kip Thorne)

Poco después del estreno en 2014 corrí al cine a ver Interestellar. Correr al cine es algo que no suelo hacer muy a menudo, pero la trayectoria de Christopher Nolan (y su hermano(1) Jonathan) con precedentes como Memento (2000) o Inception (2010), y la temática de la película me “atraían” de manera inexorable, como la gravedad del gran agujero negro Gargantúa. Mi alta expectativa influyó sin duda en que saliese del cine con una amarga sensación de decepción. El planteamiento y todo el arco narrativo hasta que el protagonista, el ingeniero y expiloto de la NASA Joseph Cooper interpretado por Matthew McConaughey, se pone en marcha, aunque enmarcados en una estética distópica que se ha ido volviendo cada vez más reiterada, tocaban temas relevantes y lo hacían con la fuerza narrativa de la emoción. El viaje en la nave me sumergía en nostálgicas referencias a la estética del 2001 de Kubrick y Clarke, ese baile de naves, ese flirteo de largas secuencias con el tiempo, con fondo de imágenes icónicas. Nolan tocaba con maestría su pieza en el órgano de la referencia y la intertextualidad. Y de esa manera nos conducía con maestría hasta el núcleo del novum de la película: el agujero de gusano y el teseracto.

ENTRANDO EN ZONA DE SPOILERS

La escena de la travesía por el interior del agujero de gusano conduce la película, no a otra galaxia, sino a una escenario cinematográfico mucho más convencional. La estética planetaria continúa siendo un ingrediente relevante y atractivo —olas gigantescas o nubes congeladas—, pero de pronto la enorme ralentización del paso del tiempo en proximidad del agujero negro y la entrada en acción de Matt Damon como villano nos sumergen de lleno en la acción. Astronautas pegándose de puñetazos en el hielo y persecuciones a cámara lenta de naves en órbita. Nolan nunca ha despreciado el innegable atractivo de la acción trepidante. Y reconozco que el breve papel de resucitado descerebrado de Matt Damon resulta gracioso. Bien. Pero el teseracto como versión moderna de la biblioteca de Guillermo de Baskerville acabó por expulsarme de la ficción.

La escena con McConaughey deambulando por ese espacio de cinco dimensiones que le permite espiar detrás de los estantes su pasado en la Tierra con su querida hija Murphy no encajaban en la ciencia ficción que yo esperaba, en la preventa que se había hecho de una película que contaba con Kip Thorne como asesor y productor ejecutivo, el reconocido físico que solo tres años después recibiría el premio Nobel de física. La metáfora de Nolan, un corredor de cubos detrás de la estantería de la casa del protagonista en la Tierra, me transportaba a la fantasía de los aprendices de mago de la escuela Hogwarts. La película, sin embargo, tuvo y tiene en general buenas críticas y buena valoración del público. Interestellar se quedó en mi lista de tareas pendientes. Volver a verla con algo más de perspectiva, buscar el libro en el que Thorne describe la ciencia de Interstellar para ver hasta dónde llegaba y cómo se posicionaba con respecto a la película. Ayer por fin, pasados seis años, tuve la oportunidad de cerrar ese pasadizo en mi memoria que me mantenía ligado a una tarea pendiente en mi particular universo de prioridades.

El libro de Thorne(2) es una pequeña delicia. Divulgación científica amena que nadie puede hacer como un investigador que se asomó a la disciplina en un momento de esplendor de la física teórica, aun impulsada por el éxito de las teorías de la relatividad y la mecánica cuántica, que ha vivido en primera línea el hundimiento de las expectativas de la unificación de fuerzas y la teoría del todo, en el último tercio del siglo XX, y que ha sido protagonista de uno de los pocos éxitos posteriores de la disciplina, ya en este siglo: la hazaña de la detección de ondas gravitacionales. Es evidente en todo momento la admiración de Thorne por el gran divulgador Carl Sagan, que tiene un papel protagonista en numerosas anécdotas en el libro. Y es evidente que detrás de la concepción de una obra como Interestellar están la pulsión y la oportunidad para un físico de dar rienda suelta a la imaginación y, por qué no, hacer realidad en alguna medida un sueño: el de la confluencia de dos teorías, relatividad general y mecánica cuántica, que se han mostrado inmiscibles y resistentes a la conquista de la razón.

Thorne utiliza un pulcro código de verosimilitud para las diferentes secciones del libro, que permite al lector identificar con un simple vistazo si el autor está hablando de teorías asentadas o meras especulaciones más o menos fundadas(3):


La ciencia de interestelar abarca los cuatro dominios: física newtoniana, relativista, cuántica y gravedad cuántica. De manera que parte de esa ciencia sabemos que es cierta, parte es suposición fundamentada y otra es especulación.

A lo largo de este libro, al presentar la ciencia de Interstellar, explico el estado de esa ciencia (verdad, suposición o conjetura fundamentada o especulación) y la etiqueto en consecuencia al comienzo de cada capítulo o sección con un símbolo:

La distorsión del espacio tiempo, que se convierte en un elemento esencial de la narrativa al generar ansiedad en unos personajes que ven su tiempo vital dilatarse y, por tanto, dejar atrás a sus amigos, familiares, o como en el caso del protagonista, ver envejecer a su propia hija, es ciencia aceptada, y ampliamente utilizada en la ciencia ficción. Sin ir más lejos, es el tema central del último premio Minotauro, Frontera oscura(4). La belleza de las imágenes del agujero negro en Interstellar, con esa corona de perlas que inspira el disco de acreción, ilustra de manera artística pero plausible lo que sabemos en la actualidad sobre los agujeros negros.

Agujero de gusano de Flamm (Fig 14.2 The Science of Interstellar adaptada)

El agujero de gusano es una posibilidad contemplada por la teoría de la relatividad general(5). Es una metáfora poderosa y una constante tentación para cualquiera que desee especular con cualquier tipo de atajo a lo recóndito, inalcanzable o desconocido. Yo lo utilicé como imagen recurrente en mi experimento Carolina en un contexto que nada tiene que ver con la ciencia ficción. Un agujero de gusano estable que pueda ser atravesado y que permite a los tripulantes de la nave Endurance cruzar desde las inmediaciones del planeta Saturno hasta otra galaxia donde se han identificado algunos planetas potencialmente habitables para la humanidad que languidece en la Tierra es pura especulación. Especulación que Thorne califica en su libro de altamente improbable.

Lo que ocurre más allá del horizonte de sucesos de Gargantúa, la entrada en el teseracto, esa quinta dimensión desde la que McConaughey observará a su hija de niña (Mackenzie Foy) en su habitación, discutiendo con su padre (él mismo), y luego ya de mayor (Jessica Chastain) cuando ella está buscando desesperadamente una solución, y desde la que él puede ofrecérsela en “un acto de amor codificado en morse”, es pura especulación en estado Nolan. Me ha hecho mucha gracia leer como Thorne se excusa, da paso y se reconcilia con esta escena:


Como ignoramos en gran medida lo que sucede dentro de los agujeros negros, les dije a Chris y Paul que me sentiría cómodo si usaban su imaginación para representar lo que Cooper ve acercándose a él desde abajo, mientras cae. Solo hice una solicitud: «Por favor, no representeis a Satanás y los fuegos del Hades dentro del agujero negro como hicieron los estudios de Disney en su película Black Hole». Chris y Paul se rieron entre dientes. No se sintieron tentados en lo más mínimo.

El corredor es la original apuesta de Christopher Nolan para la cara tridimensional del teseracto cuatridimensional, enriquecida por Paul Franklin y su equipo de efectos visuales.

Es gracioso también como Thorne hace referencia en numerosas ocasiones a su interpretación de lo que él ve en la película, porque inevitablemente: «Las ideas de Chris ocasionalmente parecían violar mis pautas pero, de manera sorprendente, casi siempre encontré una manera de hacerlas funcionar científicamente. Así que al final no tengo reparos en defender lo que hizo Chris con la ciencia. Al contrario, ¡estoy entusiasmado!»

La idea del amor como una fuerza que posiblemente tiene una realidad aún desconocida para nosotros, idea que Nolan escoge poner en boca de Brand (Anne Hathaway), la compañera de expedición de McConaughey, es una idea entrañable que se cuela con elegancia un guion con una notable carga de ciencia y especulación.

COOPER(6)

Tu eres científica, Brand...

BRAND

Lo soy. Así que escúchame cuando te digo que el amor no es algo que inventemos nosotros. Es observable, poderoso. ¿Por qué no debería significar algo?

Amamos a personas que han muerto… ¿Dónde está la utilidad social de eso? Quizás tenga un significado, algo que aún no podemos entender. Tal vez sea alguna evidencia, algún artificio de dimensiones superiores que no podemos percibir de manera consciente. Alguien a quien no he visto en una década me atrae a través del universo, alguien que sé que probablemente está muerto. El amor es lo único que somos capaces de percibir que trasciende las dimensiones del tiempo y el espacio. Tal vez deberíamos confiar en eso, incluso si todavía no somos capaces de entenderlo.

Sería injusto, sin embargo, no aceptar que, al final, esa idea forzada al máximo, del amor de padre e hija, la conexión entre ambos más allá de las leyes conocidas de la física, como el amor de un físico teórico por su ciencia, más allá de los límites de lo que la tecnología hoy nos permite testar, es la que verdaderamente nos mueve:


Cada vez que veo Interstellar y hojeo este libro, me sorprende la enorme variedad de ciencia que contienen. Y la riqueza y belleza de esa ciencia. Más que nada, me conmueve el mensaje subyacente y optimista de Interstellar. Vivimos en un universo gobernado por leyes físicas, leyes que los humanos somos capaces de descubrir, descifrar, dominar y usar para controlar nuestro propio destino. Incluso sin la ayuda de seres de otra dimensión, los humanos somos capaces de enfrentarnos a casi cualquier catástrofe que el universo nos arroje, e incluso a las que nos arrojamos nosotros mismos, desde el cambio climático hasta catástrofes biológicas y nucleares. Pero hacerlo, controlando nuestro propio destino, requiere que una gran parte de nosotros comprenda y aprecie la ciencia: cómo funciona, qué nos enseña sobre el universo, la Tierra y la vida, qué puede lograr y cuáles son sus limitaciones, debido a nuestra falta de conocimientos o tecnología. Cómo se pueden superar esas limitaciones, cómo pasamos de la especulación a la conjetura informada sobre la verdad, cuán extremadamente raras son las revoluciones en las que cambia nuestra verdad percibida, pero cuán importantes. Espero que este libro contribuya a esa comprensión.


Me quedo con esta última reflexión de Kip Thorne para subirme ya a mi propia nave y dirigirme, como McConaughey al final de la película sabiamente guiado por las últimas reflexiones de su anciana hija Murphy, en busca de mi particular Brand en algún planeta lejano y desconocido, Más tranquilo, reconciliado ya con la ciencia de interstellar.

_____________________

(1) Por alguna razón aún inexplorada el buen cine va de hermanos y hermanas.

(2) Thorne, K. (2014). The science of Interstellar (WW Norton & Company).

(3) Esta cita y las que siguen, salvo indicación, son del libro de Thorne (mi traducción)

(4) Obra que también he tenido la oportunidad de leer recientemente pero sobre el que no me voy a pronunciar aquí.

(5) Ludwig Flamm fue el primero en describir el agujero de gusano de Schwarzschild o puente de Einstein-Rosen (aunque no fue él quien lo bautizó así) en 1916, solo un año despues de la publicación de la teoria general de la relatividad.

(6) Jonathan Nolan and Christopher Nolan, “Interstellar – The Complete Screenplay (mi traducción)

Imagen: Gargantúa (Fig 9.9 The Science of Interstellar)

3 comentarios sobre “Reconciliándome con la ciencia de Interstellar

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  1. Es verdad que la escena de la librería recordaba a Harry Poter 😉 pero a mi me gusta. Lo malo de los agujeros de gusano es que de tanto abuso hemos acabado por desconfiar, son el conejo de la chistera de la mala CIFI, salvo honrosas excepciones, y por lo que parece esta es una. No lo puedo valorar.

    Pero yo no creo en tal cosa como la ciencia verdadera, establecida sí. Recuerdo haber hablado hace poco de que la ciencia es el gran mito de nuestro tiempo. Añado cita de Contra el Método: “La constatación de que la ciencia no es sagrada, y de que el debate entre ciencia y mito ha terminado sin que ninguna de las partes se levantara con la victoria, fortalece aún más la causa del anarquismo epistemológico”.

    El amor a la ciencia nos mueve, sí, bonito mensaje desde luego hace mucho tiempo que nos acompaña, pero como todo amor, solo me lo creo si es fiel y modesto, si no, es otra cosa.

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