El anarquismo como teoría de la autoorganización

Lo hemos visto durante la pandemia. Mientras que los Estados occidentales eran incapaces de mover sus enormes maquinarias burocráticas para responder ante los retos que nos ha planteado un problema para el que no estábamos preparados, las personas hemos sabido reaccionar con rapidez y suplir las carencias. Grupos de voluntarios, de makers y empresas se han coordinado sin necesidad de un planificador central para empezar a fabricar mascarillas, respiradores o atender primeras necesidades. Puede ser una anécdota, pero ante una necesidad común, «un colectivo de personas será capaz, por medio del ensayo y error, de la improvisación y la experimentación, de hacer que el orden emerja del caos, de autoorganizarse».1

Aunque la imagen presente del anarquismo está asociada a un movimiento o ideología relativamente moderno en términos históricos, la rebelión del individuo frente a la autoridad y la afirmación de los derechos a la autoexpresión y al desarrollo sin restricciones son tan antiguas como la existencia de instituciones coercitivas. Las ideas que enfatizan la libertad individual y denuncian sus restricciones han sido expresadas por pensadores a lo largo de los siglos. En los orígenes del anarquismo tal como lo identificamos hoy, está la visión de una sociedad sin gobierno, que consigue alcanzar su armonía, no por medio de la sumisión a la ley o la obediencia a la autoridad, sino por el libre acuerdo entre grupos profesionales o territoriales.2

La formulación del pensamiento anarquista moderno, basado en un análisis sistemático de la economía, la política y la sociedad, enmarcado en el pensamiento científico, ético y filosófico, suele asociarse a la publicación en 1793 de «An enquiry concerning political justice and its influence on general virtue and happiness» de William Godwin. Algunos autores3 consideran que este movimiento anarquista, que alcanza su pleno desarrollo durante el siglo XIX, habría sucumbido en 1939 con la victoria del general Franco en la guerra civil española. No sé hasta qué punto esta idea es ampliamente compartida por estudiosos de la historia del anarquismo y de las ciencias políticas, pero me resulta graciosa la atribución de esta dudosa hazaña a nuestro «glorioso» pasado. En todo caso, el breve recorrido del movimiento me sirve para apuntalar mi reflexión inicial de que, por algún motivo, el anarquismo es una de esas ideas proscritas que apenas ha tenido minutos de juego.

Existe una afinidad clara entre anarquismo y liberalismo. Para Thomas Jefferson el mejor gobierno es el que gobierna menos. Para Henry David Thoreau, el que no gobierna en absoluto. Las ideas de Murray Rothbard que comento brevemente en anarcoutopía se encuadran dentro de lo que suele denominarse anarcocapitalismo, una denominación oportunamente escogida para etiquetar esas ideas como tóxicas. Sin embargo, la línea principal del anarquismo como movimiento político parece haber estado mucho más próxima al socialismo en su oposición a la propiedad privada, y su declive asociado a la debacle de los trágicos ensayos de comunismo habidos durante el siglo XX. Resulta cuando menos enigmático que tantas personas y partidos políticos sigan haciendo bandera de las ideas económicas del marxismo y, en cambio, las ideas anarquistas permanezcan asociadas a una minoría de inconformistas e inadaptados que apenas merecen consideración.

En el artículo citado que utilizo como título (y que puedes leer aquí), Colin Ward se pregunta: ¿Por qué asumir que todas las formas de organización necesitan «gerentes», y que además estas personas deben recibir una compensación mucho mayor que la de los simples trabajadores? Y argumenta con algunos ejemplos que la idea de que un gran número de unidades industriales autónomas pueda coordinar o federar sus actividades sin necesidad de una autoridad no tiene nada de extraño. Cuando se publicó, a mediados de la década de 1960, la idea podía resultar mucho más transgresora que en la actualidad. Hoy disponemos de medios de colaboración más sofisticados, y muchos proyectos en el ámbito de la ciencia y el desarrollo tecnológico, como los proyectos de software de código abierto, demuestran que la autoorganización a gran escala es posible(NOTA) y que sus productos no solo son comparables a los producidos bajo modelos jerárquicos, sino que, como es el caso de Linux o Wikipedia, son superiores.

Si aún nos quedaba alguna duda, la pandemia, por desgracia, nos ha demostrado que el teletrabajo y la colaboración a distancia son posibles en muchos más casos de los que hasta ahora la mayoría de las corporaciones admitían. Meditemos sobre las razones e implicaciones.

Existe una clara conexión, apenas explorada en la práctica, entre la gestión de una organización y la dinámica de sistemas. ¿Cómo emerge el orden necesario para una colaboración eficaz a partir del caos natural de las personas libres? Creo que es necesario mirar con una mirada clara y empezar a testar todo lo que ya sabemos sobre multitudes, enjambres y todo tipo de comportamientos autoorganizadosNOTA, ideas como las de Stafford Beer, consultor y profesor de la Manchester Business School, conocido por su trabajo en los campos de la investigación operativa y la cibernética de gestión. Beer fue el primero en aplicar la cibernética a la gestión, definiendo la cibernética como la ciencia de la organización eficaz.

Esquema de una factoría cibernética, Marcel Douwe Dekker CC BY-SA 3.0

No soy un estusiasta de la cibernética (aunque admiro a Norbert Wiener). Sin embargo, cuanto más onservo las limitaciones de las empresas actuales, los mercados laborales y los desafíos a los que nos enfrentamos, más convencido estoy de que hay un futuro más allá del limitado repertorio de gestión y quizás… quizás otro mundo es posible.

____________________

(1) WARD, C: Anarchism as a theory of organization, Anarchy, 1966, núm. 62, pp. 97-109.

(2) NOVAK, D.: The place of anarchism in the history of political thought, The Review of Politics, 1958, núm. 20, pp. 307-329.

(3) KINNA, R.: Anarchism: a beginner’s guide, Simon and Schuster, 2012.

(4) En mi ensayo: «Anarcoutopía. Modelo de utopía para armar» enumero siete ejemplos, siete posibles piezas para armar el modelo.

El ensayo completo de anarcoutopía puedes encontrarlo aquí. Y si no te lo puedes permitir, pero aún así quieres leerlo, dímelo!! Casi todo tiene solución, sobre todo si es por una buena causa.

Imagen: Janis Goodman “Murmuration II”

Bandada de estorninos

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