Cuatro jinetes para el siglo XXI

Hace unos años leí «Los cuatro jinetes del Apocalipsis» de Vicente Blasco Ibáñez, y recuerdo que me impresionó. De manera muy especial, la manera magistral en que el autor capta ese ambiente de calma ingenua y optimista que precede a la tempestad:


Hablan de la guerra, volvió a repetirse, pero con la conmiseración de una inteligencia superior que conoce el porvenir y se halla por encima de las impresiones del vulgo.

Desnoyers era optimista. ¿Qué podían significar estas inquietudes para un hombre como él, que acababa de vivir más de veinte días entre alemanes, cruzando el Atlántico bajo la bandera del Imperio?

Había salido de Buenos Aires en un vapor de Hamburgo: El König Friedrich August. El mundo estaba en santa tranquilidad cuando el buque se alejó de tierra.


Y la forma en que describe a lo largo de toda la obra una caída que parece no tener final hacía el desastre.

La descripción de los hechos y la narrativa consigue dejarte impreso un sombrío mensaje que puede trazarse a través de pequeñas pistas que el autor va deslizando. Como mi lectura fue digital, he rescatado algunas de esas pequeñas perlas que fui recogiendo durante la lectura:

La riqueza borra las manchas del pasado con más rapidez que el tiempo.

Es la lógica de la vida: el inútil mata siempre al que sirve para algo.

¿Quién puede acusar al que triunfa?…

La ciencia no supone cultura. Un gran saber puede ir acompañado de una gran barbarie,

El terror es el único medio, ya que perturba la inteligencia del contrario, paraliza su acción, pulveriza su resistencia.

—¡Y esto puede ocurrir impunemente en nuestra época!…

La humanidad posee una fuerza de adaptación que le permite amoldarse a todo para continuar subsistiendo.

Cada entusiasta quería ser jefe de los demás, con la soberbia individualista y la repugnancia a la disciplina propias de la raza.
la libertad y la justicia no representan más que ilusiones del romanticismo revolucionario francés;

No había justicia; el mundo era un producto de la casualidad.

Si tuviera que destacar uno solo, me quedaría con el de la fuerza de adaptación de la humanidad. Tenemos que ser conscientes de que esa capacidad de adaptación que se ha demostrado tan exitosa no sólo no nos garantiza vivir en el mejor de los mundos, sino más bien todo lo contrario. Nos garantiza que incluso en el infierno, seguiremos pensando virgencita que me quede como estoy…

Por esta razón me parece fundamental la capacidad de imaginar y anticipar escenarios de futuro, por muy catastrofistas que puedan ser. Sé que en esto discrepo con muchas personas que creen y predican el optimismo como receta de progreso. Y quiero enfatizar mi discrepancia. Seguramente una visión físico – ingenieril del diseño me ha llevado al convencimiento de que el verdadero optimismo que conduce al progreso es ser capaz de evaluar y poner los medios para evitar los riesgos. El verdadero optimismo es ser pesimista en el diseño, sobre todo si diseñamos infraestructuras críticas.

Y por esta razón quiero destacar hoy esta «revisión» de los cuatro jinetes, publicada por Kang Hao Cheong y Michael C. Jones, de la University of Technology and Design de Singapur (resumo y traduzco):


Mientras el mundo lucha contra la pandemia de COVID-19, también deberíamos preguntarnos qué medidas sistémicas se necesitarán para evitar que algo similar o incluso peores desastres ocurran en el futuro. Argumentamos que la pandemia es simplemente uno de los futuros desastres globales potencialmente innumerables y pleomórficos generados por la dinámica del sistema.

Explicamos que hay cuatro condiciones sistémicas amplias, pero fácilmente identificables, interconectadas de manera patológica que están empujando a la civilización hacia una posible autodestrucción. Las cuatro condiciones se pueden revertir con una acción colectiva que nos permita comenzar a crear un mundo post-COVID-19 duradero y próspero. Esto requerirá la aplicación decidida del principio de precaución.

La pandemia ha expuesto con claridad una colosal falta de preparación global. Existe ya una opinión generalizada de que el mundo cambiará de manera drástica y permanente como consecuencia de esta calamidad, pero nadie está seguro de qué manera. Aquí identificamos a los “cuatro jinetes” de esta “coronapocalypsis” del siglo XXI. A diferencia de los cuatro jinetes “tradicionales” (enfermedad, guerra, pestilencia y muerte), los nuevos jinetes no son tipos de destrucción o puntos finales, sino precondiciones dinámicas, algunas crónicas y otras que se intensifican, que nos aproximan hacia los puntos finales de destrucción.

Los nuevos jinetes son:
1. Sobrepoblación
2. Globalización
3. Hiperconectividad
4. Centralización extrema y menor número de cadenas de suministro frágiles.

Hubo avisos recientes con SARS, MERS y H1N1, sin mencionar las posibles amenazas de Ébola y otros virus zoonóticos, incluida la continua y lenta calamidad del VIH. Además, el aumento de los patógenos bacterianos resistentes a los antibióticos, como la tuberculosis y la E. coli, plantea una amenaza no viral.

Consideramos que COVID-19 es un regalo trágico, una lente a través de la cual podemos ver la fragilidad subyacente y la volatilidad intolerable de nuestra actual relación patológica con el mundo natural.

Durante al menos los últimos 70 años hemos vivido bajo la espada de Damocles nuclear que aparece con la I Guerra Atómica (también conocida como la Segunda Guerra Mundial) en la que la autoextinción humana se convirtió en una nueva posibilidad. Las bombas de hidrógeno pronto se convirtieron en uno de los muchos agentes potenciales de extinción, como las armas químicas y biológicas. La explosión demográfica mundial y la urbanización masiva en cientos de

Las megaciudades en expansión, junto con los sistemas de transporte rápido masivo, han producido canales de hiper conectividad que transmiten fácilmente la propagación exponencial global de la catástrofe. Las megaciudades están sustentadas por cadenas de suministro globales masivas con redundancias mínimas o totalmente inexistentes. Por esta razón, todas las megaciudades deben considerarse trampas mortales, por muy “prósperas” que puedan parecer.

La triste realidad es que las megaciudades son análogas a las gigantescas operaciones de cría de animales confinados (CAFO: Confined Animal Farming Operations).

Durante varias décadas hemos estado viviendo bajo el cielo cada vez más plomizo del “punto cuádruple” de los nuevos cuatro jinetes: la convergencia de la sobrepoblación, la globalización, la hiperconectividad y las cadenas de suministro cada vez más frágiles. Es una combinación letal con independencia de la política.

Queremos hacer sonar la alarma de que los horrores (y oportunidades) del siglo XXI apenas están comenzando.

El calentamiento global, el aumento del nivel del mar, la contaminación oceánica, la deforestación, la pérdida de la capa superficial del suelo y muchos otros deterioros a escala macro confluyen en la creciente volatilidad global. Creemos que la humanidad, como inteligencia colectiva (swarm intelligence), debe percibir claramente que nuestro modelo de negocio actual nos condena a una miseria inaceptable en el presente y al suicidio eventualmente, incluso aunque no haya forma de demostrarlo empíricamente. También creemos que COVID-19 podría ser la chispa para una revolución masiva y sistemática en la forma en que los seres humanos se relacionan con el mundo biológico circundante.

Durante varias décadas hemos estado navegando en el Titanic, bailando en el salón de baile con una orquesta de cámara.

Cheong, Kang Hao, and Michael C. Jones. “Introducing the 21st Century’s New Four Horsemen of the Coronapocalypse.” BioEssays (2020). (mi traducción)


¿Optimista o pesimista?

Es optimista pensar que COVID será una oportunidad para replantearnos muchas cosas y buscar un sistema más robusto y más justo. Y no sabría como calificar la afirmación de que estamos condenados a la extinción. Por suerte o por desgracia, como nos recuerda Blasco Ibáñez, 7.700 millones de seres humanos no vamos a desaparecer, no a corto medio plazo. Algunos se adaptarán y lo harán a lo que venga. Así que, es del máximo interés de los que se van a adaptar (y sus herederos) que lo que venga tenga una pinta aceptable.

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Imagen: Detalle de la portada de «Los cuatro jinetes del Apocalipsis» de Vicente Blasco Ibáñez, editada en Valencia por Prometeo en 1929, Wikimedia Commons

Un comentario sobre “Cuatro jinetes para el siglo XXI

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  1. Debo ser pesimista, y no parece que funcionen los avisos como este covid, no llegamos hasta aquí por el interés común. En la tragedia nos movilizamos y ésta no parece suficiente cuando ninguno nos sentimos culpables. Sólo compartir la culpa y acusarnos nos haría trabajar en una solución común.

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