La insoportable levedad de seis segundos

El objetivo que tenía con «Seis segundos», uno de los cuentos de «Extrapolación 2029», era iniciar la exploración de un tema mucho más amplio: el hecho de que nuestra vida no admite ensayos ni repeticiones, cada instante es único y no tiene vuelta atrás.

Aunque estoy seguro de que existirán miles de referencias, la primera vez que recuerdo haber visto formulado esta idea fue en «La insoportable levedad del ser», en la que Milan Kundera afirma(1):


No hay manera de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe base para la comparación. Vivimos todo a la primera, tal como llega y sin aviso. Como un actor que representa su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo es ya la vida misma? Por eso la vida es siempre como un boceto. No, ni siquiera boceto. No es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro. […] Lo que ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre solo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto».

Milán Kundera, La insoportable levedad del ser (traducción de


Siempre he sentido curiosidad por saber cómo sería una vida, y como sería un mundo en el que las vidas individuales pudieran ser planificadas y ensayadas, algo más parecido a esa obra de teatro o al cine, al desarrollo de un medicamento, o en general al desarrollo científico y tecnológico.

¿Volveríamos atrás para evitar ese mal gesto, esa mala respuesta, esa ofensa que, en realidad, no pudimos evitar en el momento? Volvería Hitler hacia atrás y evitaría llevar a Alemania y Europa a una guerra suicida, o por el contrario, revisaría su estrategia, planificaría mejor, evitaría errores tácticos?

Y si fuera posible volver atrás para revisar o simplemente retocar un momento especialmente trascendente, ¿durante cuánto tiempo sería posible hacerlo? Porque si creemos que cada acción tiene consecuencias, cada vuelta atrás de cada ser consciente en el universo cambiaría todo el universo. No es de extrañar que, quien quiera que diseñase el universo, optara por la solución más sencilla: no hay repeticiones y punto.

Dispuesto a explorar este posible multiverso, hace un tiempo me dije. ¿Cuál sería el tiempo mínimo necesario que necesitaríamos para que rebobinar y repetir tuviera un impacto significativo en nuestras vidas? Y seis segundos me pareció tiempo suficiente para evitar algunas de las mayores estupideces que, a menudo, tienen consecuencias trágicas. Sólo seis segundos…

Para explorar esta idea, veía dos opciones. la primera imaginar un universo en el que, por construcción, fuera posible para una persona retroceder a voluntad seis segundos y volver a vivir un momento, cambiando de manera irreversible el futuro en esa bifurcación. Pero existía otra posibilidad que podría llegar a darse incluso en nuestro propio universo, en un futuro tal vez no muy lejano. Esta segunda posibilidad surgiría de la capacidad de anticipar el futuro seis segundos, de hacerlo de manera constante y, por tanto, contar con ese margen de reacción en todo momento.

En realidad, esto ya lo hacemos de manera habitual sin necesidad de tecnología. Nuestra mente está constantemente proyectando el futuro, tal vez no de una manera consistente y continua. Pero anticipamos lo que haremos a continuación, lo que haremos mañana, o lo que haremos durante los próximos años. La opción por la que me decanté en «Seis segundos» era una forma de complementar esta capacidad innata y social que tenemos, introduciendo algunas potencialidades de la tecnología que, además, obligaran al sujeto a anticipar de manera más consistente.

El primer escenario me hubiera llevado seguramente a una historia de fantasía filosófica que, por supuesto, me resultaba sumamente atractiva. Pero cuando comencé a escribir, ya había decidido publicar una obra de ciencia ficción en la que explorar futuros cercanos. Mi proyección del futuro, que iba sólo un poco más allá de los seis segundos, me sugería tomar este otro camino habilitado por la tecnología, la aproximación de la ciencia ficción a «Seis segundos».

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(1) Me he tomado la libertad de modificar ligeramente la traducción de Fernando Valenzuela.

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