Así que pasen cincuenta años más

A medida que continúe su desarrollo actual, la realidad mixta nos permitirá establecer una conexión con cualquier habitación remota equipada, para escuchar y participar en una conversación, con la misma naturalidad que si nos asomáramos por la puerta. La concentración de personas en las ciudades se volverá superflua. Rara vez será ya necesario contactar en persona con cualquiera, salvo con los amigos más íntimos, y cuando sea necesario, tendremos a nuestra disposición medios de transporte increíblemente rápidos. No habrá más razones para vivir en la misma ciudad pegado al vecino que las que hay hoy para vivir con él o ella en la misma casa. Las ciudades y el campo se volverán indistinguibles.


Si yo escribiera esto hoy, más de uno diría: ya está aquí de nuevo este alienímagina con una (dos, de hecho) de sus obsesiones más recurrentes: que todavía hay mucho recorrido para las tecnologías de comunicación y que una tecnología de comunicación lo suficientemente avanzada eventualmente hará que las ciudades del futuro sean innecesarias.

Pero el que escribió ese párrafo no fue otro que el mismísimo Sir Winston Leonard Spencer-Churchill en 1931. El único cambio significativo en mi liberal traducción ha sido sustituir teléfono y televisión por realidad mixta. Por supuesto, estoy totalmente de acuerdo con él. Sí, noventa años después anticipo lo mismo, lo que significa que, a pesar de todos los avances habidos en las tecnologías de la comunicación, llevamos cincuenta años con un ritmo de progreso muy inferior a lo anticipado.

Continúo con otro par de perlas del ensayo de Churchill(1):


Se desarrollarán nuevas cepas de microbios que producirán una gran parte de nuestros productos químicos. Con un conocimiento mayor de las llamadas hormonas, es decir, los mensajeros químicos en nuestra sangre, será posible controlar el crecimiento. Evitaremos el absurdo de tener que cultivar un pollo entero para comer la pechuga o el ala, cultivando estas partes por separado en un medio adecuado. La comida sintética, por supuesto, también se utilizará en el futuro.

Hay pocas dudas de que será posible llevar a cabo en un entorno artificial todo el proceso que conduce al nacimiento de un niño. La intervención en el desarrollo mental de estas criaturas, las recomendaciones de expertos y el tratamiento apropiado en los primeros años, producirían seres especializados para el razonamiento o para el trabajo. (…) Nuestra mente retrocede ante tan terribles perspectivas y las leyes de una civilización cristiana las impedirán. Pero, ¿no encajaría bien este tipo de criaturas con las doctrinas comunistas de Rusia?


Nuevamente, salvo ajustes mínimos, que en este caso ni siquiera afectarían a la tecnología sino en todo caso a su «subliminal» propaganda política, Churchill podría estar perfectamente escribiendo hoy para The Guardian, EL PAIS o, ya puestos, TechCrunch. Impossible foods (Utilizar animales para hacer carne es una tecnología prehistórica y destructiva), se reconocería en el discurso (quizás su marketing está inspirado en Churchill). Y Jennifer Doudna reivindicada en su cruzada a favor del control de la genómica.

En noventa años no ha habido un cambio significativo de perspectiva y hoy anticiparíamos líneas de progreso y riesgos muy similares si miramos cincuenta años hacia delante. Me pregunto si un futuro alienimagina seguirá pensando entonces que estábamos siendo bastante optimistas (o equivocados) en 2020.

Tal vez, siendo Churchill quien fue, la reflexión más interesante y preocupante en el artículo es la oscura visión sobre la incapacidad de los gobiernos democráticos para enfrentar problemas reales y la irrelevancia final del progreso material.


Incluso hoy, los parlamentos de todos los países se han mostrado bastante inadecuados para hacer frente a los problemas económicos que dominan los asuntos de cada nación y del mundo. (…) Hace tiempo que sabemos que la democracia es incompetente como guía o motivo para el progreso. Ninguna de las asambleas legislativas de los grandes estados modernos elegida por sufragio universal representa ni una mínima fracción de la fuerza o la sabiduría de la comunidad. Las grandes naciones ya no están dirigidas por sus hombres más capaces, ni por aquellos que saben más sobre sus asuntos inmediatos, ni siquiera por aquellos que tienen una doctrina coherente. Los gobiernos democráticos se desplazan a lo largo de la línea de menor resistencia, adoptando visiones miopes, abriéndose paso con shows y parodias, y allanando su camino con dulces cantos de sirena. (…)

Sería preferible detener el progreso material y el descubrimiento en lugar de acabar siendo dominados por nuestro propio aparato y las fuerzas que lo dirigen. (…) Después de todo, este progreso material, en sí mismo tan espléndido, no satisface ninguna de las necesidades reales de la raza humana. (…) Ningún progreso material, aunque adopte formas que ahora no podemos concebir y pueda expandir las facultades del hombre, puede traer consuelo a su alma.


Al final del artículo, Churchill menciona, sin proporcionar una referencia explícita, Last and First Man (La última y primera humanidad), el impresionante tour de forcé de Olaf Stapledon publicado justo el año anterior, 1930, en el que imagina el futuro de la humanidad a través de dieciocho especies que evolucionan hasta la desaparición del sistema solar.

Pensando en estos autores, estos ensayos y sus expectativas hace noventa años, y cuando los comparo con nuestras expectativas actuales, no puedo dejar de tener un sentimiento de déjà vu. Ciertamente, como apunta Churchill con sabiduría, nuestro progreso material, en sí mismo tan espléndido, no cambia ninguno de los anhelos más internos de la especie humana.

_____________________

(1) Churchill, Winston. Fifty Years Hence publicado en Strand Magazine, en diciembre de 1931 (mi traducción)

Imagen: Graffiti en Shoreditch, London – Churchill by Paul Don Smith, Wikimedia Commons

Este post se publicó originalmente en Mind the Post como “Using Churchill’s Crystal Ball to Anticipate 2080”.

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