Ves a la página 69!

Rápidamente, nos acercamos a la fase final de las extensiones del hombre: la simulación tecnológica de la conciencia, en la que el proceso creativo del conocimiento se extenderá colectiva y corporativamente al conjunto de la sociedad humana. (Marshall McLuhan, “Understanding Media: An extension of man”)


Mi primer intento de lectura de “Entendiendo los medios: una extensión del hombre” de Marshall McLuhan, acabó en una desastrosa retirada. El libro era inexpugnable como el castillo de Kafka y no había forma de penetrar en su interior. Medios frios y calientes, y Narciso contemplando fascinado sus extensiones. Estaba ante uno de esos libros que a uno de dan ganar de arrojar contra la pared o tirar al suelo y ponerte a saltar sobre él en un intento desesperado por conseguir hacer su contenido mínimamente digerible.

Había comprado el libro esperando entender todo sobre los medios de comunicación, el mundo de la información, el entretenimiento. La recomendación de leer a McLuhan me llegaba a través de una de las personalidades más atractivas que he tenido el privilegio de tratar, Frank Healy(*), un profesor de inglés alienímagina que acabó convirtiéndose en mi confidente y gracias al cual pude poner en marcha mi blog Mind the Post, hace ahora casi diez años. Frank es uno de esos sabios invisibles que conocen secretos de estado pero tienen los labios sellados. Los buenos profesores de inglés son como la traductora de Corazón tan blanco de Javier Marías. Con la excusa del idioma profesores y traductores penetran en los sacrosantos reinos de la política y las finanzas. Viniendo de Frank Healy, la recomendación de leer a McLuhan era imposible de obviar.

Y allí estaba yo intentando domar a McLuhan como quien intenta montar un toro salvaje en un rodeo. Una y otra vez me encaramaba sobre la grupa de “Entendiendo” y no entendía absolutamente nada. Párrafo tras párrafo, acababa en el suelo hasta que, de repente, me di cuenta: si cada vez que aparecía la palabra medio (o medios) me forzaba a leer “tecnología”, inmediatamente todo se volvía perfectamente comprensible, transparente.

Es un tema persistente de este libro que todas las tecnologías son extensiones de nuestros sistemas físico y nervioso para aumentar la potencia y la velocidad.

Así de simple era la cosa. Un canal de comunicación es un medio, pero con más generalidad, un medio es un vehículo para conseguir un fin. ¿Y qué es la tecnología sino un medio? El medio por excelencia, una extensión del hombre (o la mujer, por supuesto). Y voilà, allí delante de mí aparecía ahora “Entendiendo” en todo su esplendor: una especie de “teoría del todo” sobre la tecnología:

McLuhan acuña expresiones como “el medio es el mensaje” y “aldea global” que llegarían a convertirse en auténticos iconos culturales, pero el libro es verdaderamente diabólico y McLuhan una figura controvertida en los círculos académicos, como puede verse en esta seminal escena de la película de Annie Hall de Woody Allen, 1977:

En un artículo que escribió con motivo de la celebración del 50 aniversario de la publicación, Nicholas Carr no consigue decidir si McLuhan fue un genio o simplemente le faltaba un tornillo: “La mente de McLuhan estaba probablemente situada en el extremo moderado del espectro autista”. McLuhan había parido toda su teoría antes de que yo naciera, pero fue la llegada de internet, lo que le sacó del basurero de la historia para convertirse en un ícono del pop. La revista Wired, por ejemplo, nombró a Marshall McLuhan su santo patrón en 1991.


(…) mucho de lo que McLuhan tenía que decir, tenía mucho más sentido en 1994 que en 1964. Cuando [la que fue] directora ejecutiva de Yahoo! Marissa Mayer, por ejemplo, compara la expansión del big data con el desarrollo de un sistema nervioso central en el planeta, eso es McLuhan. Cuando el Juez John Roberts declaró que un extraterrestre de Marte podría confundir el teléfono inteligente con una característica integral de la anatomía humana, eso también es McLuhan. En 2014, es difícil exagerar la clarividencia de McLuhan. (Paul Hiebert, “The Medium Is the Message, 50 Years Later”)

Todos pensaron que McLuhan hablaba de televisión, pero de lo que realmente hablaba era de Internet, dos décadas antes de que apareciera (Kevin Kelly citado por Alexander Stille en “Marshall McLuhan Is Back From the Dustbin of History”)


Estoy convencido de que McLuhan tuvo que ser un alienímagina realmente divertido, el tipo de persona que es capaz de decir cosas como ésta sin echarse a reír:


Una vez dijo que el LSD era el sustituto de Finnegans Wake para los perezosos. Para decidir si valía la pena leer un libro, ojeaba el índice y luego iba directo a la página 69. Si la página 69 no ofrecía una perspectiva interesante, abandonaba el libro y pasaba al siguiente. En una carta de 1951 a Ezra Pound, se describió a sí mismo como un “matón intelectual”
(Paul Hiebert, 
“The Medium Is the Message, 50 Years Later”)


Cuando descubrí la receta de McLuhan para decidir si merece la pena leer un libro, me pareció un algoritmo excelente para un mundo sobrecargado de información (excepto por el hecho de que las páginas de los libros electrónicos no son invariantes bajo transformaciones editoriales, una pequeña limitación para una teoría del todo).

Ir a la página 69 es mucho mejor que leer insoportables reseñas o los comentarios de Amazon. Así que inmediatamente decidí que era necesario comprobar si su propia obra pasaba el test. El índice es, desde luego, espectacular, así que me dirigí a la página 69 de mi propia edición de pasta dura, y lo que encontré es esto:


La guerra y el miedo a la guerra han sido siempre los principales incentivos para la extensión tecnológica de nuestros cuerpos. De hecho, Lewis Mumford, en su obra “La ciudad en la historia”, considera la ciudad amurallada como una extensión de nuestra piel, lo mismo que la vivienda o la ropa. Más aún que la preparación para la guerra, las consecuencias de una invasión son un fértil período tecnológico; porque la cultura tiene que ajustarse en todas sus proporciones para acomodar el impacto de la cultura invasora. Es gracias a ese intensivo intercambio híbrido y a la pugna de ideas y formas, cómo se liberan las mayores energías sociales y de donde surgen las mejores tecnologías. (M. McLuhan, “Understanding Media”, página 69. Capítulo 4, “El amante de los artilugios, Narciso como narcosis”)


¿Revelador? Juzga por ti mismo.

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(*) Si estás interesado en contratar a Frank Healy, te adelanto que no lo encontrarás en la “aldea global”, pero quizás yo pueda ayudarte a localizarlo.

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