Cuernos de titanoterio

Es posible que el cerebro humano sea ya demasiado grande para poder aprovechar de manera eficiente todas las capacidades que parecen estar anatómicamente disponibles (…) Es interesante considerar la posibilidad de que nos encontremos ante una limitación de la naturaleza consistente en que algunos órganos altamente especializados alcanzan un nivel de eficiencia decreciente que, en última instancia, conduce a la extinción de la especie. El cerebro humano podría estar tan avanzado en su camino hacia esa especialización destructiva como los enormes cuernos de la nariz del último de los titanoterios. (Norbert Wiener, Cybernetics, mi traducción)


Cibernética de Wiener es una de esas obras singulares que todo el mundo se siente obligado a citar cuando se habla de los orígenes de la teoría de la computación, pero que en realidad nadie tiene muy claro de qué va. El término suena un poco (odio la palabra) viejuno. En cambio el prefijo ciber sigue vivo y coleando, y se ha convertido en la varita mágica que permite tocar cualquier otro concepto y remitirlo inmediatamente a una nueva dimensión mucho más guay en el ciberespacio. Así tenemos cibercultura, ciberarte, cibercrimen, ciberseguridad, cibersexo y cibercafés para después del cibersexo… Oh, y ciberpunk.

Marvin Minsky entrevistado por John Brookman en 1998 decía que la cibernética fue un notable paso en la evolución del pensamiento que ha conducido hasta las ideas actuales sobre inteligencia artificial y explica por qué, en cierto modo, murió de éxito.

Pero ¿qué quería decir Wiener en realidad? Porque Cibernética es un libro en el que se habla de mecánica newtoniana, mecánica estadística, de series temporales, del sistema nervioso y la psicopatología, de sistemas, de autoorganización y de la Gestalt. Wiener subtituló la obra “control y comunicación en los animales y las máquinas”, y hoy el término se utiliza de manera bastante laxa para referirnos al control de cualquier sistema por medio de la tecnología.

Wiener dejó su intención y el significado más o menos claros en una obra posterior a Cibernética, que pasa por tener un carácter más divulgativo y que tiene el interesante título de “El uso humano de (los) seres humanos” (The Human Use of Human Beings)


hay un campo más amplio que incluye no solo el estudio del lenguaje, sino también el estudio de los mensajes como un medio para controlar la maquinaria y la sociedad, el desarrollo de máquinas de computación y otros autómatas similares, ciertas reflexiones sobre psicología y el sistema nervioso, y una tentativa nueva teoría del método científico.

Hasta hace poco, no existía una palabra para este conjunto de ideas, y para abarcar todo el campo con un solo término, me vi obligado a inventar uno. De ahí la palabra “cibernética”, que derivé de la palabra griega kubernetes, o “timonel”, la misma palabra griega de la que eventualmente derivamos nuestra palabra “gobernador”. Luego descubrí que la palabra ya había sido utilizada por Ampere para referirse a la ciencia política y que había sido introducida en otro contexto por un científico polaco, ambos usos datan de la primera parte del siglo XIX.

La tesis de este libro es que la sociedad solo puede entenderse a través del estudio de los mensajes y los medios de comunicación que los posibilitan; y que en el futuro, el desarrollo de estos mensajes y facilidades de comunicación, los mensajes entre el hombre y las máquinas, entre las máquinas y el hombre, y entre la máquina y la máquina, están destinados a desempeñar un papel cada vez más importante.

(Norbert Wiener, The Human Use of Human Beings, mi traducción)


Y en esto estamos todavía.

La idea de control por medio de los mensajes y, por ende, el lenguaje, fluye subterráneamente en nuestra conciencia colectiva y, como un Guadiana intelectual, se hace más o menos evidente en ciertos momentos y situaciones, como por ejemplo, ahora en la batalla por el lenguaje de género. Lewis Mumford creía que lo que define a la humanidad, lo que diferencia a los seres humanos de otros animales, no es principalmente nuestro uso de herramientas (tecnología) sino nuestro uso del lenguaje (símbolos). Esta es la idea que Yuval Harari ha llevado al paroxismo con el éxito de Sapiens, la idea de la narrativa como esencia del ser humano.

Yuval Noah Harari cree que el éxito del Homo Sapiens como especie se debe a que es el único animal que puede cooperar de manera flexible a escalas masivas de miles o millones individuos. Y la razón de que pueda hacerlo es porque tiene una capacidad única para creer en cosas que existen únicamente en nuestra propia imaginación, como los dioses, las naciones o el dinero. O sea, mitos y leyendas. Harari afirma que todos los sistemas de cooperación humana a gran escala, incluidas las religiones, las estructuras políticas, las redes comerciales y las instituciones legales, se basan en última instancia en la ficción.

Danniel Denneth lo ve muy claro cuando afirma que si todos olvidáramos lo qué es el dinero, ya no habría dinero. Quizás no fuera una mala idea, siempre y cuando tengamos la precaución de que no lo descubran los monos, porque los monos, por lo menos algunos tipos de mono (de los que pronto hablaremos aquí), pueden comprender lo que es el dinero y rápidamente se dejan seducir (literalmente) por sus virtudes.

Hay una hipótesis científica con un nombre que bien podría haber inventado el mismísimo Philip K. Dick: La hipótesis de Sapir-Whorf o el principio de relatividad lingüística mantiene que la estructura de un lenguaje afecta la visión del mundo y la cognición de sus hablantes. Como en toda teoría que se precie hay una versión fuerte y otra débil. En esta charla TED, Lera Boroditsky explica como el lenguaje condiciona nuestra manera de pensar.

Las metáforas influyen en la manera en que razonamos sobre temas complejos y en cómo buscamos información adicional sobre ellos. Samuel Ray Delany publicó una bonita novela de ciencia ficción sobre el tema en 1966, con sólo 23 años, Babel 17. No es la única sobre el tema (y algunos creen que no es la mejor), pero es la que cita como fuente de inspiración Yukihiro Matsumoto, el creador del lenguaje de programación Ruby. No se me ocurre nada más cibernético.

Lo que está claro muy claro es que toda esta gente que escribió o lo hace ahora con elocuencia sobre todas estas cosas tan maravillosas, tienen unos buenos cuernos de titanoterio en su cabeza, metafóricamente hablando se entiende…

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Norbert Wiener, Cybernetics: Or Control and Communication in the Animal and the Machine. Paris, (Hermann & Cie) & Camb. Mass. (MIT Press) 1948

Norbert Wiener, Wiener, Norbert. The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society. Da Capo Press, 1988.

Ilustración, Megacerops-coloradensis (titanoterios), Wikimedia Commons

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