El informe Belmonte: Cómo Ganivet evitó in extremis mi suicidio (literario)

El pasado 21 de noviembre se comunicó el fallo del jurado del XII Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet” y la semana pasada se presentó la ANTOLOGÍA con los textos galardonados, en la que tengo el honor de participar con un cuento titulado “El informe Belmonte”.

La antología está disponible para lectura y DESCARGA gratuita. Incluye un total de veinte cuentos de autores de Argentina, Colombia, México, Puerto Rico, Venezuela y España, más una introducción y un ensayo escritos por la organización del certamen. Es un auténtico lujo formar parte de una publicación así.

Más allá de la calidad de los relatos individuales, que en mi humilde opinión es notable (y por ser claro, muchos de ellos mejores que mi propia contribución), lo que quiero destacar aquí es la sorprendente unidad de estilo y coherencia de la antología. Es evidente que ha habido una cuidadosa selección y edición, pero en cuanto te sumerges en la lectura da la impresión de que hay algo más. Yo creo que es realmente cosa de magia… la magia de Ángel Ganivet.

¿Quién fue Angel Ganivet?

Si hace sólo un año alguien me hubiera preguntado a traición: ¿quién fue Ángel Ganivet? tengo que confesar que habría dudado. Rápidamente mi memoria habría llegado al rescate con la respuesta del libro de texto: Ángel Ganivet fue el precursor de la generación del 98, y yo hubiera suplicado que mi interlocutor se conformase con eso y no me preguntase mucho más.

Cuando supe sobre el certamen literario Angel Ganivet y me enteré de que sus orígenes estaban en Finlandia, decidí indagar un poco más y actualizar la limitada información que la E.G.B., de manera maquiavélica, había dejado grabada en mi memoria. Porque enseguida comprendí la razón de este paso de puntillas por encima de Ganivet y creo que este breve párrafo que he rescatado de GitHub lo deja bastante claro (más que la información de Wikipedia, por ejemplo):

“Ensayista y novelista español, y uno de los filósofos sociales más importantes de la década de 1890 en España, miembro del círculo literario ‘La Cuerda granadina’. Ángel Ganivet se suicidó a la edad de 33 años. En su tesis doctoral, Ganivet describió a España como un país dividido donde las ideas se utilizan como armas políticas destructivas, una visión que ya predijo la amargura de la Guerra Civil Española. El mismo Ganivet era un personaje dividido: era profundamente religioso pero al mismo tiempo escéptico, diplomático pero conocido por su franca apertura, optimista en Idearium español (1897), pero pesimista e infeliz en su vida privada. El tema central en su obra fue la regeneración espiritual de España.”

Lo resumiré para que no quede ninguna duda: Ganivet fue un tocapelotas que radiografió una España en la que todavía estamos atrapados y se suicidó a los 33 años. En realidad, no lo digo yo, lo dice una persona que sabe mucho más que yo de literatura y de la historia de España, mi amiga Maribel Orgaz:

“Ángel Ganivet es uno de esos españoles al que, como repartió estopa por todos lados, nadie lo quiere… excepto Finlandia. Una deliciosa y mórbida sensación recorre la espina dorsal de todo español de bien al escuchar esto.”

Por si tampoco os convence, añadiré sólo un detalle más. El premio Nobel de física Richard Feynman fue una de esas personas que supieron mirar a su propia muerte con ironía y, entre otras cosas, dijo:

“Odiaría morir dos veces. Es muy aburrido.”

Angel Ganivet, por desgracia, tuvo que hacerlo arrojándose dos veces, de manera consecutiva, al rio Dvina.

El informe Belmonte: Homo Plumbum

Cuando decidí presentarme al concurso tenía que elegir un relato que encajara en las bases. Yo estaba escribiendo en ese momento ciencia ficción y no me pareció el género más apropiado para este concurso, así que decidí rescatar un cuento que llevaba más de veinte años perdido entre mis borradores. Ni siquiera estoy seguro de cuándo lo escribí, pero sé que tuvo que ser entre 1995 y 1998. Por aquel entonces yo todavía intentaba escribir aunque mi carrera profesional me lo ponía cada vez más difícil. A menudo, cuando me ponía a escribir, tenía que hacer frente a esa frustrante sensación de bloqueo de la que se habla tan a menudo. Fue entonces cuando descubrí que, para superar el bloqueo, Jorge Luis Borges había recurrido al ingenioso truco de hablar de escribir sobre libros inexistentes, y decidí probar suerte. De aquella prueba salió el Informe Belmonte…

El cuento adopta la forma de uno de esos oscuros informes escrito por un académico desconocido sobre un escritor aún más desconocido en vida que llegará, sin embargo, a alcanzar el reconocimiento de la crítica por un breve conjunto de obras que escribe hacia el final de su vida… ¡a lápiz!

Aunque en la Antología no aparece, el Informe Belmonte llevaba como subtítulo “Homo Plumbum”, como resultado de una conversación que tuve durante un viaje en AVE de Valencia a Madrid, poco antes del cierre de la convocatoria, con un profesor de literatura que sabía latín 😉

Tanto el escritor reseñado en el informe, Juan Belmonte, como su obra son completamente ficticios, como casi todo el mundo que lee el relato descubre inmediatamente. No hace falta saber latín para darse cuenta… pero os contaré una anécdota sobre el oficio de escribir.

Cómo Ganivet me rescató de las aguas del Dvina

Después de presentarme al concurso decidí hacer un experimento, y pedí un informe de lectura sobre el informe Belmonte a un profesional. Hay muchos últimamente. Todo parecía muy profesional hasta que me envió su informe de lectura, en el que literalmente se dice:

“En una somera búsqueda en Google no he encontrado a Belmonte, por lo que deduzco que es un escritor inventado. Por tanto, podríamos enmarcar este relato dentro de un género que, para hacer honor a los tiempos que corren, llamaremos biografía fake.”

Mis cejas se enarcaron y mis ojos pugnaban por salir de sus órbitas. Evidentemente el revisor, muy probablemente un esforzado alumno de un taller de escritura al que mi profesional revisora encargó la redacción del informe, no tenía ni idea sobre una técnica tan socorrida y tan utilizada por autores tan conocidos como el ya citado Borges, Antonio Machado, o Stanislav Lem, por citar sólo a tres. Leer no había leído mucho, pero eso sí, al menos era una alumno ingenioso: biografía fake!!!. Continué leyendo:

“Resulta extraño que, habiendo descuidado Jariego la que debería ser la piedra angular del relato: la genialidad de Belmonte, haga recaer todo el peso del relato sobre cuestiones anecdóticas. Y lo hace hasta tal punto, que el lector se queda con la sensación de que los méritos literarios de Belmonte son poner el remite en el sobre o escribir a lápiz.”

En este punto, abandoné la lectura del ilustrado informe de lectura sobre el informe Belmonte. Dejó a lectores más avispados que juzguen sobre lo anecdótico de los remites y el lápiz.

Al borde de cometer (yo) suicidio literario, me llego la buena noticia de que el informe Belmonte estaba entre los finalistas del concurso. De no haber sido por eso, ahora mismo estaría con Ganivet y Luca Brassi durmiendo con los peces en el rio Dvina.

En este momento lo que más deseo es conocer en persona a los autores de los relatos que acompañan a Belmonte en la Antología, para saber si realmente existen o si todos ellos y la antología ¡están sólo en mi imaginación!

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