10 años no es nada

Hoy se cumplen 10 años del accidente del vuelo JK-5022 de Spanair en el aeropuerto de Madrid-Barajas. Así reflexionaba Carolina Izar en su blog unos pocos días después. Hoy Spanair ya no existe pero, por lo demás, nada parece muy diferente… Mi recuerdo para todos los afectados por la tragedia.

JK 5022, Judas y el “yield management”

El pasado 19 de agosto, en la terminal II del aeropuerto de Barajas, una larga cola de personas esperaba con resignación frente al mostrador del vuelo JK 5090 de la compañía Spanair, con destino a Tenerife. Yo me encontraba entre ellos. Mientras tanto, los empleados de la compañía se afanaban en despachar el pasaje, al tiempo que lidiaban con el overbooking.

Un empleado todavía joven, poco pelo, perilla y gafas pequeñas de montura metálica, saltaba frenético desde su terminal para recorrer la larga fila de personas que esperábamos para facturar. Iba ofreciendo un bono de ciento y pico euros a los pasajeros que aceptaran demorar su vuelo. Cuando conseguía un sí, volvía a su terminal para atender al siguiente de la fila, hacer una reserva de asiento, pesar y etiquetar las maletas, y a saltar de nuevo hasta la fila…

El overbooking es una práctica comercial extendida entre las aerolíneas, cuya supervivencia pasa por conseguir la máxima eficiencia en el uso de sus aviones. Máxima eficiencia significa llenar completamente el avión, vendiendo cada asiento al mayor precio posible. Para lograrlo utilizan sofisticados algoritmos de gestión de las reservas que en la jerga técnica reciben el nombre de “yield management” (torpemente traducido a veces como gestión del rendimiento). En los libros, la matemática del yield management puede resultar emocionante. En la práctica, se traduce en un señor bajito hiperactivo, y una larga cola de clientes cabreados primero y hacinados después.

La industria aérea ha conseguido poner La Tierra entera al alcance de la inmensa mayoría. Pero no por ello deja de ser cierto que la “experiencia de usuario” es nefasta, y que es preciso bajar mucho el listón de la dignidad a cambio de esa breve pero intensa experiencia de tele-transporte: hay que estar dispuesto a exponer en cualquier momento nuestra intimidad ante los ojos aburridos pero insidiosos de oscuros funcionarios, dejarse husmear, cachear, escanear; aguantar esperas injustificadas sin recibir información relevante, para luego acabar plegando tu cuerpo sobre uno de los reducidos asientos que se alinean en una lúgubre bodega atestada por centenares de almas. Hay que estar dispuesto a escuchar protocolos de vuelo y normativas de seguridad incomprensibles, que se recitan como oraciones antes del despegue y después del aterrizaje, protocolos, normas, oraciones que nunca se llegarán a aplicar en caso de verdadera necesidad.

Muchas veces, durante mis innumerables experiencias en los aeropuertos de medio mundo, o mientras aguardaba descoyuntada y semi-asfixiada en las tripas de uno de esos torpes paquebotes volantes, me he sentido en el interior de uno de aquellos barcos negreros que surcaban los océanos no hace tanto tiempo, realizando una travesía que no sabía cómo había comenzado y de final aún más incierto. Luego, afortunadamente, el viaje llega a su término, consigues bajar del avión, abandonar el aeropuerto, coges un taxi y, mientras te diriges a tu destino, la insustancial conversación con el taxista hace que se recupere el pulso de tu dignidad y vuelvas a sentirte un ser humano. Al poco tiempo, el vuelo se olvida, como la mayor parte de las malas experiencias que no tienen consecuencias apreciables.

No será así con el JK 5090, porque al día siguiente, el 20 de agosto de 2008, un vuelo hermano de Spanair con destino a Gran Canaria, el JK 5022, no pudo remontar el vuelo y cayó escorado como un pájaro abatido al borde de la inmensa pista 36L del aeropuerto de Barajas, llevándose por delante la vida de más de 150 personas.

No es mi intención hacer leña del árbol caído. Con seguridad, las prácticas comerciales y de seguridad de Spanair, filial de Scandinavian Airlines (SAS), no difieren de manera significativa de las utilizadas por el resto de aerolíneas, todas ellas por otra parte flirteando con la quiebra. Sabemos todos que viajar en avión es el modo más seguro de viajar. Así nos lo explican los medios y nuestro tío el gobierno. Estoy convencida de que, forzando un poco la estadística, no sería difícil concluir que viajar en avión es más seguro que quedarte en tu casa leyendo el periódico o viendo la televisión. (No obstante, quienes citan estadísticas demagógicamente suelen ignorar que la estadística es útil para quien se interesa por el colectivo, no para los individuos que componen el colectivo.)

Ya sabemos todo eso, pero me va a costar quitarme de la cabeza al joven empleado de Spanair recorriendo como un pequeño Judas la lista de pasajeros del JK 5022 de 20 de agosto, y comprando con cien euros las vidas de algunos de ellos.

Carolina I.
Viernes, 29 de agosto de 2008

Escribe tu respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s