Etra Panuginn, ¡Guerra a muerte contra las máquinas!

Las máquinas evolucionan actualmente mucho más rápidamente que la vida animal y vegetal, y no podemos descartar la posibilidad de que, de hecho, estén vivas o incluso sean conscientes. ¿Son las máquinas las sucesoras de la especie humana? ¿O es posible un futuro de coexistencia? ¿Es creíble un futuro en el que las personas podríamos llegar a vivir mejor supeditados a las maquinas, como animales domésticos?

No se trata del último discurso de ningún gurú de la secta de la singularidad tecnológica. Esto lo escribía Samuel Butler hace más de ciento cincuenta años. “EREWHON: O al otro lado de las montañas”(1) es una novela publicada por primera vez de forma anónima en 1872. El título es el nombre de un país imaginario que Butler forma a partir de la palabra “nowhere” deletreada más o menos al revés (con la trasposición de h y w). O sea que en castellano podríamos traducirlo como ETRA PANUGINN o RAGUL NUGINN con idénticas alteraciónes de sólo dos letras en la inversión de “ninguna parte” o “ningún lugar”.

Mapa de una parte de Nueva Zelanda que ilustra Erewhon (Wikimedia commons)

Etra Panuginn (Erewhon) es una sátira sobre la sociedad victoriana que ha sido comparado en ocasiones con los viajes de Gulliver de Jonathan Swift. Una de sus características más destacadas de este país es la ausencia de máquinas. La sociedad imaginada por Butler ha llegado hace tiempo a la conclusión de que las máquinas son una amenaza para la especie humana y han decidido destruir la mayoría de los inventos mecánicos:

Nuestra opinión es que debe proclamarse ya una guerra a muerte contra ellas

El rechazo a las “máquinas” como icono del cambio tecnológico que amenaza el statu quo no es nuevo. Y con seguridad, Butler tenía muy presente la revolución ludita de principios del siglo XIX. Pero lo que creo que sí es realmente novedoso es el análisis de Butler, claramente influido por la teoría de la evolución que Charles Darwin había publicado en 1859. Sólo cuatro años después del “Origen de las especies”, en 1863, Butler publicó un artículo titulado “Darwin entre las máquinas”(2) que contiene ya las principales ideas que se desarrollan en los tres capítulos de Erewhon dedicados al “Libro de las Máquinas” .

En esencia, Butler intenta responder a la pregunta: ¿Qué clase de criatura es probable que sea la sucesora del hombre(*) en la supremacía sobre la Tierra?

¿Qué clase de criatura es probable que sea la sucesora del hombre en la supremacía sobre la Tierra? Hemos escuchado este debate con frecuencia; pero nos parece que estamos creando nuestros propios sucesores. Día a día, incrementamos la belleza y la delicadeza de su condición física; Día a día les otorgamos más poder y los dotamos, por medio de todo tipo de artificios ingeniosos, de la capacidad de auto-regulación y autonomía que será para ellos lo que el intelecto ha sido para la raza humana. Con el paso del tiempo, nosotros mismos nos situaremos como la raza inferior. Inferiores en poder, e inferiores en esa cualidad moral que es el autocontrol. Los admiraremos como el acmé de todo lo que el mejor, el más sabio de los hombres se atrevería jamás a aspirar. Ni las bajas pasiones, ni los celos, ni la avaricia, ni los deseos impuros perturbarán el poder sereno de esas gloriosas criaturas. El pecado, la vergüenza y la tristeza no tendrán cabida entre ellas. Sus mentes permanecerán en un estado de calma perpetua, la plenitud de un espíritu que no tiene deseos, que no se ve perturbado por ningún pesar. La ambición nunca los torturará. La ingratitud nunca les provocará un momento de desasosiego. La conciencia de culpabilidad, la vana esperanza, la pena del exilio, la insolencia del cargo y el desdén que conlleva el paciente mérito de los que no son dignos de merecerlo –todos serán totalmente desconocidos para ellas. Si necesitan “alimento” (y con el sólo uso de qué palabra delatamos nuestro reconocimiento de su condición de organismo vivo) serán atendidos por pacientes esclavos cuyo único interés será velar por que no necesiten de nada. Si están fuera de servicio, serán rápidamente atendidos por médicos familiarizados con su constitución; si mueren, porque incluso estos gloriosos animales no estarán exentos de esa necesaria y universal consumación, entrarán inmediatamente en una nueva fase de existencia, porque ¿qué máquina muere enteramente en cada parte en un único e idéntico instante?

En traducción muy libre, extraigo a continuación cinco puntos destacados del libro de las máquinas de Butler:

  1. El hombre y las máquinas están indisociablemente unidos y las máquinas son parte de la propia esencia del hombre. Entre ambos existe una simbiosis irreducible y el progreso y la propia evolución de la especie humana, dependen en gran medida y se ven fundamentalmente condicionados por la evolución de las máquinas. Una máquina no es más que una nueva extremidad, una extensión del hombre. Las máquinas deben considerarse como el modo de desarrollo principal que tiene el organismo humano en la actualidad. Pero si las máquinas llegan a igualar tanto las capacidades individuales de las personas como para disminuir la severidad de la competencia, podría llegar a ocurrir que personas con un físico inferior escapen a las reglas de la selección natural y acaben transmitiendo su inferioridad a sus descendientes. La eliminación de la presión competitiva podría llegar a causar la degeneración de la raza humana y convertir al cuerpo humano en una mera mercancía (una vaina?).
  2. Las máquinas evolucionan actualmente mucho más rápidamente que la vida animal y vegetal, y no podemos descartar la posibilidad de que, de hecho, estén vivas. Si observamos el extraordinario avance que las máquinas han logrado durante los últimos cientos de años, y lo comparamos con lo lentamente que avanzan los reinos animal y vegetal, tenemos que admitir que no ha habido ninguna otro tipo de seres que hayan evolucionado tan rápidamente. Con extraordinaria rapidez, las máquinas se están convirtiendo en algo muy diferente de lo que son en la actualidad. ¿Sería por tanto descabellado pensar que sólo porque la vida de las máquinas sea muy diferente a la nuestra, no haya otro desarrollo posible de la vida que el nuestro? ¿qué porque la vida mecánica es una cosa muy diferente a la nuestra, no es vida en absoluto?
  3. Cuando pensamos que las máquinas no se reproducen, quizás nos equivocamos. Quizás no estamos viendo la “foto” completa. Cuando miramos desde un lugar elevado hacia abajo y vemos las calles abarrotadas, ¿es posible no pensar en corpúsculos de sangre que viajan por las venas y nutren el corazón de la ciudad? Pues de la misma manera, no podemos mirar a cada máquina sólo como un elemento aislado e individual, sino que tenemos que ver la colectividad de las máquinas. Nos equivocamos al considerar cualquier máquina complicada como una sola cosa, en lugar de verlas como parte de una sociedad. Si lo hacemos así, nos daremos cuenta de que la ausencia de algo parecido a un sistema reproductivo en el reino mecánico es solo aparente, porque ¿cuántas máquinas hay que no hayan sido producidas sistemáticamente por otras máquinas?
  4. En relación con la consciencia, ¿Que es realmente la consciencia, cómo podemos discernir si la hay en otros, y para que vale? ¿Quién puede decir que la máquina de vapor no tiene algún tipo de consciencia? ¿Dónde comienza la consciencia y dónde termina? ¿Quién puede trazar la línea? ¿Cuál es el uso de la consciencia? ¿No es posible que existan nuevos canales para la consciencia, aunque no podamos detectarlos en este momento? ¿Por qué no podría surgir una nueva fase de la mente?
  5. ¿Cómo debemos contemplar el futuro de la simbiosis hombre-máquina? ¿Es posible creer en un futuro de coexistencia, un futuro mejor para el hombre en el que el hombre podría quedar supeditado a la maquina como ahora lo están los animales domésticos al hombre? ¿Podemos negarnos moralmente a este futuro? Algunas personas pueden creer que la influencia moral del hombre será suficiente para gobernar a las maquinas, pero sería ingenuo depositar mucha confianza en el sentido moral de cualquier máquina. Algunos creen que aunque el hombre tuviera que convertirse para la máquina en lo que el caballo y el perro son ahora para nosotros, sin embargo, podría continuar existiendo. No habría motivo para preocuparse por la felicidad futura del hombre mientras continúe siendo rentable para las máquinas. Puede convertirse en la raza inferior, pero estará infinitamente mejor de lo que está ahora. ¿No deberíamos ser culpables de locura consumada si rechazáramos ventajas que de otro modo no obtendríamos, simplemente porque implican un mayor beneficio para otros que para nosotros mismos?

Un análisis que está plenamente en línea con el debate actual, ciento cincuenta años más tarde, sobre la evolución del trabajo, las servidumbres del progreso y la desigualdad.

Puede que nuestra tecnología evolucione vertiginosamente y puede que estemos progresando. Butler hablaba de máquinas de vapor conscientes y hoy hablamos de asistentes virtuales inteligentes. Pero, sinceramente, no me parece que nuestra capacidad de análisis y nuestros planteamientos sobre el futuro hayan evolucionado demasiado en los últimos doscientos años. Nuestros planteamientos siguen siendo tan torpes como los de FrankensteinA lo mejor lo que nos está haciendo falta es una revolución en las ideas que nos mueven como sociedad. ¿O es que ya no quedan nuevas ideas por descubrir y sólo es posible dar vueltas y más vueltas sobre ideas que tienen ya más de un siglo?

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(*) Samuel Butler utiliza sistematicamente hombre (man) y a veces raza humana (human race) para referirse a las personas (hombres o mujeres) o la especie humana. Mantengo el uso de “hombre”, que es casi lo que más llama la atención al leer a Samuel Butler ahora.

(1) Samuel Butler, Erewhon. Proyecto Gutenberg: Erewhon; Or, Over the Range. En pdf: Erewhon. Traducción al español: Erewhon: O al otro lado de las montañas

(2) Samuel Butler (firmado con el pseudónimo Cellarius), Darwin among the machines. Traducción al español: Darwin entre las máquinas.

Imagen: Henry Lowen-Smith, Nacimiento del rio Rangitata, Erewhon

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