¿Ha llegado el momento de volver a creer que es posible anticipar la historia?

El bienestar general tiende a moverse en sentido opuesto a la desigualdad. Cuando la desigualdad crece, el bienestar disminuye, y viceversa. La doble hélice de Peter Turchin describe esta relación inversa entre el bienestar y la desigualdad a lo largo de doscientos años de historia de los Estados Unidos:

La doble hélice de la igualdad y el bienestar de Peter Turchin

Desde 1800 hasta la década de 1920, la desigualdad aumentó desmesuradamente. Luego experimentó un retroceso hasta 1980, contrayéndose hasta niveles no vistos desde mediados del siglo anterior. Durante ese periodo de tiempo, las principales fortunas apenas crecieron (de hecho, experimentaron una disminución en términos de capacidad adquisitiva real), mientras que la riqueza de una familia típica aumentó de manera muy significativa. Desde 1980 hasta el presente, la brecha de riqueza ha iniciado otro pronunciado, si bien errático, ascenso. Los comentaristas se refieren al período de 1920 a 1970 como la “gran compresión”, y a los últimos 30 años como la “gran divergencia”.

Peter Turchin cree que nuestra sociedad actual, como todas las sociedades complejas que la han precedido, se mueve siguiendo las leyes de una poderosa e impersonal dinámica social que determina esos ciclos de ascenso y caída. Analizando estos ciclos durante un período de tiempo suficientemente largo deberíamos ser capaces de anticipar lo que sucederá. La violencia, según Turchin, no debería ser más inevitable que un brote de sarampión. De la misma manera que una vacuna puede evitar una epidemia de la enfermedad, la violencia debería poder prevenirse si la sociedad está preparada para aprender de la historia; si los gobiernos crean más empleos a tiempo, por ejemplo, o si actúan de manera decisiva para reducir la desigualdad. El estudio de los ciclos en dinámica social y economía no es algo nuevo, el enfoque que propone Turchin sí, ¿o no?

Peter Turchin es un científico es uno de los fundadores de la cliodinámica, nombre que acuñó en 2003, en referencia a Clío, la antigua musa griega de la historia. La cliodinámica es un área de investigación multidisciplinar en la intersección de la macrosociología histórica, la historia económica, el modelado matemático de procesos sociales, y la construcción y análisis de bases de datos históricas. Los ingredientes clave del programa de investigación en cliodinámica son la utilización de métodos matemáticos para modelar los procesos históricos de largo plazo: ecuaciones diferenciales y/o simulaciones basadas en agentes, y métodos estadísticos avanzados para el análisis de datos. Pero, en última instancia, el objetivo de la cliodinámica es descubrir los principios generales que expliquen el funcionamiento y la dinámica de las sociedades reales.

En realidad, para los aficionados a la ciencia ficción el enfoque de la cliodinámica no resultará especialmente novedoso, ya que se parece como una gota de agua a otra a la psicohistoria propuesta por Isaac Asimov en su saga sobre la fundación, la ciencia creada por el matemático Hari Seldon como combinación de historia, psicología y estadística matemática que permitiría calcular el comportamiento estadístico de poblaciones extremadamente grandes de personas, como las del Imperio Galáctico. Si acaso, habiendo leído la fundación, la psicohistoria parece más decantada o influida por la psicología que la cliodinámica de Turchin. Pero en todo caso, la pregunta es: ¿ha llegado al momento de pensar que este tipo de ciencia social es posible, qué podemos llegar a anticipar la historia?

La fundación de Asimov se origina en una primera serie de ocho cuentos publicados en la revista Astounding Magazine entre mayo de 1942 y enero de 1950. Según el propio Asimov, están basados en las ideas que Edward Gibbon desarrolla en Historia de la decadencia y caída del Imperio romano —una fuente inagotable de inspiración, por cierto, la caída del imperio romano—.

En 1970, Alvin Toffler publicaba el shock del futuro, una obra de anticipación tecnológica ampliamente reconocida que gira en torno a una premisa: la aceleración del cambio y sus consecuencias.

Para asumir el control del cambio acelerado, necesitaremos mecanismos de retroalimentación aún más avanzados y democráticos. (…) A medida que aumenta la interdependencia, grupos cada vez más pequeños dentro de la sociedad pueden conseguir una posición ventajosa para la disrupción crítica.

Toffler critica la falta de miras y el riesgo de una tecnocracia elitista incapaz de hacerse con el control de este cambio, y aboga por la importancia de tener miras amplias sobre la sociedad y su desarrollo, de construir factorías de utopías:

En resumen, necesitamos iniciar un plebiscito continuo sobre el futuro. (…) Novelistas, cineastas, escritores de ciencia ficción y otros, trabajando estrechamente con psicólogos, podrían desarrollar trabajos creativos que muestren como sería la vidas de personajes individuales en una sociedad imaginada. (…) Podemos usar la utopía como una herramienta en vez de como una vía de evasión.

El periodo de tiempo comprendido entre la publicación de la fundación de Asimov y la publicación del shock del futuro de Toffler, coincide con un momento de auge y optimismo sobre la posibilidad y oportunidad de pensar sistemáticamente sobre el futuro. Ese esfuerzo concertado ha sido abandonado en gran medida. El futurismo ha caído en desgracia y ha quedado relegado a grupos marginales y esfuerzos aislados. (En España, por ejemplo, no hay ninguna titulación ni organismo relevante sobre el tema). Curiosamente, esta incapacidad de imaginar el futuro con ambición y concertadamente como propone Toffler, ha dado lugar a una proliferación insufrible de profetas y profecías sin sustancia en el mundo de la tecnología y de los negocios, y a lo que parece por el momento un aplastante triunfo de la visión distópica, de ese futuro caótico e improvisado a brochazos que tan bien captura la estética ciberpunk.

Quizás haya una lógica en todo esto, y Toffler, Asimov y otros pro-futuristas estuvieran equivocados en sus propuestas; quizás Turchin esté condenado, por lo menos de momento, a continuar avanzando por los márgenes de la ciencia y de la historia; y quizás nuestra sociedad continúe deambulando por la historia como pollo sin cabeza. Pero será sólo por el momento, dado que, si algo podemos anticipar, es que el futurismo y la utopía, como casi todo en la historia, tarde o temprano, volverán a estar de moda. Tarde o temprano, alguien recogerá la antorcha.

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Imagen: Sunrise by EvaKedves

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