Cómo no morir de inanición creativa

En octubre de 2011, Neal Stephenson escribió un artículo titulado “Innovation Starvation” (que voy a traducir muy libremente como “inanición creativa”), en línea con ensayos de fechas muy próximas como “The Great Stagnation”[1] de Tyler Cowen, “The End of the Future”[2] de Peter Thiel, o “Is U.S. Growth Economic Over?”[3] de Robert Gordon, que exploran la idea de que podríamos haber entrado en un período de estancamiento tecnológico. Es una idea controvertida que, en principio, puede parecer absurda en un mundo hipnotizado por la innovación tecnológica. Y, de hecho, no es fácil probarla o desmentirla debido a la dificultad para medir la innovación de una manera objetiva y a los largos períodos de tiempo que, en todo caso, serían necesarios para hacerlo adecuadamente.

Algunos párrafos del artículo son una vívida descripción de situaciones ciertamente desesperantes en las que tú mismo puedes haberte visto en alguna ocasión, especialmente si trabajas en una gran corporación o institución académica, rodeado de mentes brillantes:

Un grupo de ingenieros intercambian ideas en una sala. Durante la discusión emerge un nuevo concepto que parece prometedor. Una persona que está sentada en una esquina con un ordenador portátil anuncia, tras realizar una búsqueda rápida en Google, que esta “nueva” idea es, de hecho, una vieja idea, o al menos vagamente familiar, y que ya se ha probado. O bien falló, o bien fue un éxito. Si falló, ningún responsable que quiera mantener su puesto de trabajo aprobará gastar dinero en un intento de repetirla. Si fue un éxito, entonces está ya patentada y la entrada al mercado se antoja inalcanzable, ya que quienes lo vieron primero tendrán la “ventaja del primer movimiento” y habrán creado “barreras de entrada”. El número de ideas aparentemente prometedoras que han sido trituradas de esta manera debe contarse ya por millones. ¿Qué hubiera pasado si esa persona de la esquina no hubiera podido hacer una búsqueda en Google?

y la conclusión es clara:

En un mundo en el que los decisores están tan cerca de la omnisciencia, es fácil ver el riesgo como un pintoresco artefacto de un pasado primitivo y peligroso (…) La fe actual en una certeza ineluctable es el verdadero asesino de la innovación en nuestra época.

Pero Neal Stephenson no pretende ser pesimista. (No se lo podría permitir, porque el pesimismo hoy no vende.) El artículo hace una llamada para que vuelva la inspiración a la ciencia ficción contemporánea. La inspiración es una parte pequeña pero esencial de la innovación, y las historias de ciencia ficción han sido una fuente fundamental de inspiración para los innovadores durante décadas. La buena ciencia ficción, nos dice, es aquella que muestra una imagen plausible y completamente desarrollada de una realidad alternativa en la que se ha producido algún tipo de innovación relevante. Un buen universo de ciencia ficción debe tener una coherencia y una lógica internas con pleno sentido para un científico o un ingeniero.

Neal Stephenson fue el principal provocador de Hieroglyph, un proyecto del Centro para la Ciencia la Imaginación de la Universidad Estatal de Arizona. El nombre del proyecto surge de la idea de que ciertos inventos icónicos en las historias de ciencia ficción, como las comunicaciones por satélite de Arthur Clarke, o los robot de Issac Asimov, sirven como “jeroglíficos” modernos: símbolos simples y reconocibles en cuyo significado todos concuerdan, y que pueden jugar un rol decisivo como narrativa capaz de coordinar e impulsar la acción colectiva:

Una gran laboratorio o compañía de tecnología puede emplear a cientos o miles de personas, cada una de las cuales puede abordar solo una pequeña porción del problema general. (…) Coordinar sus esfuerzos por medio de un sistema de mando y control es un poco como intentar gestionar una economía moderna por medio de un Politburó. Conseguir que todos trabajen en pos de una meta acordada debe ser algo más parecido a un mercado de ideas libre y, en gran medida, auto-organizado.

En 2014, se publicó una primera antología de relatos cortos de ciencia ficción, inspirados por el proyecto Hieroglyph: Historías y visiones para un futuro mejor.

El Centro para la Ciencia la Imaginación de la Universidad Estatal de Arizona promueve la colaboración de escritores, artistas y pensadores creativos con científicos, ingenieros y tecnólogos con el objetivo de “reaviviar” la ambición de los objetivos que la humanidad debe perseguir a través de la innovación y el descubrimiento.

Suena un poco grandilocuente pero no por ello deja de ser un objetivo loable, ¿no crees? ¡Ojala hubiese más proyectos como éste en muchos otros lugares!

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Este post es traducción y revisión de Innovation Starvation, publicado originalmente en Mind the Post

[1] El gran estancamiento. Cowen, Tyler. 2011. The Great Stagnation: How America Ate All the Low-Hanging Fruit of Modern History, Got Sick, and Will(Eventually) Feel Better. New York: Dutton Adult.

[2] El fin del futuro. Thiel, Peter. n.d. ‘The End of the Future, by Peter Thiel, National Review’. National Review Online. Accessed 6 January 2015. http://www.nationalreview.com/articles/278758/end-future-peter-thiel.

[3] ¿Se ha acabado el crecimiento económico en los EE.UU.? Gordon, Robert J. 2012. ‘Is U.S. Economic Growth Over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds’. Working Paper 18315. National Bureau of Economic Research. http://www.nber.org/papers/w18315.

Imagen de cabecera de Haylee Bolinger para el relato Periapsis de James L. Cambias.

2 respuestas a “Cómo no morir de inanición creativa

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